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19 de noviembre de 2009

PRESERVATIVO PARA EL CORAZON


A estas alturas todas sabemos lo que significa sexo seguro. No correr riesgos gratuitos implica utilizar preservativo como primerísimo punto, además de evitar tener muchas parejas sexuales, y un muy interesante etcétera.


Lamentablemente, nuestros sentimientos no quedan protegidos con sólo meter el paquete de condones a la bolsa.


Centrémonos hoy en la salud emocional, algo que olvidamos hasta que sentimos crujir nuestro corazoncito ante el embate de un cincel imaginario que tiene grabado a fuego el nombre del galán.


Magali, quien cambia de novio cada mes, me dice: "El sexo seguro no existe". Blanca me comenta que el sexo es más o menos seguro, siempre que sea sólo físico; los problemas vienen cuando empiezas a tener la esperanza de que se convierta en algo serio eso que pretendías que fuera una maravillosa aventura. En este punto se vuelve peligroso y se complica.


No pensemos en el sexo con una pareja promiscua, que implica de por sí un alto riesgo. A mí el sexo me parece sumamente peligroso, porque


puedes acabar decepcionada, humillada o perjudicada hasta físicamente.
a veces es más fácil decir que sí a decir que no.
puedes descubrir muchas cosas que hubieras preferido ignorar.
tal vez tu pareja pueda importarte o tú importarle a él.
el contacto sexual puede (inexplicable y extrañamente) cambiarlo todo.
en ocasiones lo usamos como una arma de control o para golpear en donde más le duele al otro.






Todas hemos percibido el sexo así (en alguna ocasión como mínimo). Esto comienza en la adolescencia, cuando pensamos que a lo mejor, tal vez, si me acuesto con Fulanito, el más popular de la escuela, seré su novia de seguro. Con el tiempo el trueque es más sutil, pero no por ello está cargado de menos dudas e interrogantes: Después de habernos acostado, ¿me encontrará AUN atractiva o simpática o ardiente o inteligente o...? ¿Cuántas veces hicimos el amor en este mes? ¿Cuánto es suficiente? ¿Después de haberlo hecho me querrá todavía? ¿Sería sólo eso lo que quería de mí?


Resulta que el sexo es la vara con la que medimos el amor que nos tiene la pareja, ¡qué cosa! Y lo más grueso es que en ocasiones mide hasta dónde nos amamos a nosotras mismas. En buena onda, ¿cuántas veces hemos tenido sexo sólo para probarnos que podemos llevarnos a un hombre a la cama? ¿O simplemente para probarnos que somos atractivas?


Si inventaran un preservativo para el corazón sería de gran ayuda. Me imagino a mí misma retozando en un mullido lecho con un galán atento, cariñoso, respetuoso, sencillo, hogareño y confiable. Entonces mi corazón comienza a soñar, a latir más fuerte; me deslizo a mi mesita de noche y saco el preservativo para ponérmelo, y ¡zaz! se crea una barrera ligera, lubricada, impermeable, contra cualquier virus emocional. Nada de sentimientos, nada de sueños ni ilusiones ni esperanzas...


Una amiga muy promiscua me dijo hace poco: "El chiste es irte a la cama con alguien que no te interese y que no te guste nada, así no te sentirás defraudada; en realidad no sentirás nada". Esto a mí no me sirve, pero a ella le funciona.


La otra amiga me dice: "¿Qué tal si lo haces con alguien familiar, un amigo, tu ex o el novio de una amiga; alguien con quien sabes que no se podrá llegar a nada serio de antemano? Desde el principio sabes que esa relación no tiene futuro". Esta idea puede funcionar en el caso de que no importe terminar una amistad o una relación o resucitar el fantasma de la relación anterior.


De hecho veo que las chavas le damos demasiadas vueltas a un asunto que, de suyo, es complicado. Creo que hay un modo eficaz de hacer el amor sin poner en peligro tu estabilidad emocional: tener sexo no con el chavo que sólo te mueve la hormona, sino con ese chavo a quien conoces a fondo y, justamente porque no lo idealizas, le confías algo tan importante como tu cuerpo en perfecto equilibrio con tus sentimientos y tus pensamientos.


Lo curioso es que mientras más emocionalmente seguro es este tipo de sexo, más fácilmente te descuidas.


Imagínate que estás en una cuerda floja muy tensa, encima de una enorme red de seguridad. Como no tienes que estar cuidando el balance, colgada allá arriba puedes hacer casi cualquier cosa, correr todo tipo de riesgos: desnudarte con la luz encendida, reírte, confesar tus fantasías más secretas, ponerte cómoda, decir "lo siento pero cambié de modo de pensar, hoy no", aun cuando él esté entrado en calor. Incluso puedes tener sexo aburrido y tonto, sexo simple, sin presuponer que por ello todo va a terminar entre los dos.


El sexo con alguien que amas te da confianza en ti misma, te relaja, te permite ser TÚ, sin temor a la crítica o a que te interpreten mal. Y como los peligros del sexo son simbólicos, realizarlo según las reglas establecidas hace milenios es seguro.
El amor que mira con claridad, que no es egocéntrico sino de ida y vuelta, que mira defectos y virtudes y busca el crecimiento propio a la par del otro, es seguro y nos protege. 
 

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