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8 de diciembre de 2011

EL AYUNO EMOCIONAL


El ayuno puede ser una práctica más amplia que la simple abstinencia de alimentos. Ayunamos también cuando nos abstenemos de determinados pensamientos, emociones, acciones y palabras. Si nuestro ayuno, sea de alimentos o sea de otras cosas, está inspirado en nuestro mundo interno y exento de expectativas y ambiciones, puede ayudar en nuestra transformación, en la purificación del organismo e incluso aportar una saludable simplificación a nuestra vida.
Realizado en base a estos principios de equilibrio, el ayuno de alimentos puede tener sobre el cuerpo físico repercusiones de carácter espiritual, no sólo terapéutico. Sin embargo, la opción del ayuno de alimentos debe ser bien evaluada ya que, hoy en día, el cuerpo físico de la mayoría de las personas está sometido a un gran desgaste, no sólo por la actividad desorganizada e intensa de la vida moderna, sino también por el uso excesivo de aparatos electrónicos, por la saturación de ondas de radiofrecuencia en la atmósfera y, sobre todo, por la tensión psíquica. El ayuno de alimentos puede ser nocivo en el caso de que el cuerpo esté debilitado o sin suficientes reservas.
Con todo, este tipo de ayuno resulta muy benéfico cuando hay una señal verdadera para hacerlo. Entonces, se ayuna por libre y espontánea voluntad. Si tenemos buena salud, la experiencia del ayuno de alimentos no nos debilitará -pero aun así, si en determinado momento percibimos que es necesario interrumpirlo no hay que dudar en hacerlo.
Durante el ayuno se recomienda ingerir más agua que la habitual para hidratar bien el organismo. Al finalizarlo, se requiere un cuidado especial dado que, después del período de desintoxicación y de reposo del aparato digestivo, el organismo tiene que readaptarse al proceso de asimilación y de eliminación. Este reinicio debe hacerse con alimentos muy livianos.
El ayuno también puede significar moderación, y no sólo abstinencia. Cuando en nuestra alimentación normal no nos dejamos llevar por la gula, sino que proporcionamos al cuerpo físico sólo lo necesario para su subsistencia, estamos ayunando. La búsqueda de ese equilibrio y sobriedad es la forma de ayuno más adecuada hoy en día, pues los extremos casi nunca llevan a la armonía.
El control de la palabra es otro tipo de ayuno. Hay ocasiones en que necesitamos abstenernos completamente de hablar, otras en que debemos abstenernos sólo de palabras superfluas; de manera que incluso hablando, podemos estar ayunando de palabras.
Como el ayuno es una vía de equilibrio para relacionarnos con la vida externa e interna, la manera de proceder con los bienes materiales sería la misma que la adoptada en el ayuno de alimentos, de sentimientos, de pensamientos, de acciones y de palabras. Algunas veces ayunamos de bienes materiales por la abstinencia; otras, por el uso moderado o por la austeridad.
Para algunos la moderación es más difícil que un periodo de abstinencia total. Decir palabras que sirvan de ayuda a los otros, por ejemplo, requiere más entrenamiento que permanecer completamente callado.
La moderación requiere humildad, osadía para confiar en nuestro potencial interno, entregándolo a la conducción de nuestro ser interior, y también desapego. Los resultados de las acciones evolutivas no son mensurables. Es necesario realizarlas sin aferrarse a ellos, actuar como un sembrador que al arrojar los granos a la tierra los entrega a la lluvia, al viento y a la dinámica de la fuerza de vida que hay en su interior.

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